Empezar el día con un desayuno completo puede marcar una importante diferencia en cómo nos sentimos durante la mañana. Y entre todos los nutrientes que podemos incorporar, la proteína tiene un papel especialmente interesante por su capacidad para favorecer la saciedad y contribuir al mantenimiento de la masa muscular.
Sin embargo, alcanzar una cantidad adecuada de proteína no significa necesariamente preparar desayunos complicados ni recurrir todos los días a batidos.
La nutricionista Rhiannon Lambert propone prestar atención a pequeños cambios que pueden ayudarnos a aumentar fácilmente la cantidad de proteína de nuestra primera comida del día.
¿Por qué incluir proteína en el desayuno?

Muchos desayunos tradicionales están compuestos principalmente por carbohidratos: cereales, pan, galletas, bollería o tostadas.
Los carbohidratos forman parte de una alimentación equilibrada, pero combinarlos con una buena fuente de proteínas puede ayudarnos a construir una comida nutricionalmente más completa.
Además de intervenir en el mantenimiento y reparación de diferentes tejidos, las proteínas suelen proporcionar una mayor sensación de saciedad. Esto puede resultar especialmente útil durante esas mañanas en las que desayunamos temprano y todavía faltan varias horas para la siguiente comida.
No se trata, por tanto, de eliminar el pan, la avena o la fruta, sino de acompañarlos con fuentes adecuadas de proteína.
1. Yogur griego con ingredientes ricos en proteína

Una de las alternativas más sencillas consiste en utilizar yogur griego como base del desayuno.
Podemos combinarlo con avena, frutos rojos, semillas y frutos secos para preparar un bol completo en pocos minutos.
Dependiendo del producto y de las cantidades utilizadas, podemos aumentar todavía más la proteína incorporando alimentos como queso cottage, semillas de cáñamo o una pequeña cantidad de proteína en polvo.
Además, esta opción permite realizar numerosas combinaciones y cambiar las frutas o toppings para evitar desayunar exactamente lo mismo todos los días.
La clave está en revisar la información nutricional de cada producto, ya que la cantidad de proteína puede variar considerablemente entre diferentes tipos y marcas de yogur.
2. Huevos, pero acompañados

Los huevos probablemente sean uno de los alimentos que primero imaginamos cuando pensamos en un desayuno proteico.
Sin embargo, dos huevos por sí solos pueden no ser suficientes para alcanzar aproximadamente 30 gramos de proteína.
Una estrategia sencilla consiste en utilizarlos como punto de partida y acompañarlos con otras fuentes proteicas.
Podemos preparar, por ejemplo, huevos revueltos con queso cottage, una tortilla con queso y verduras o unas tostadas integrales con huevo acompañadas de yogur.
También podemos incorporar claras adicionales si encajan con nuestras preferencias y necesidades.
De esta manera no necesitamos aumentar exageradamente las cantidades de un único alimento, sino combinar diferentes ingredientes hasta conseguir un desayuno equilibrado.
3. Convierte tu avena en un desayuno más proteico

La avena es una de las opciones más populares para comenzar el día, pero podemos modificar fácilmente su preparación para aumentar el aporte de proteínas.
En lugar de prepararla únicamente con agua, podemos utilizar leche o una bebida de soja con un contenido interesante de proteína.
Después podemos añadir yogur griego, semillas, frutos secos o proteína en polvo.
Otra posibilidad consiste en preparar un overnight oats la noche anterior mezclando avena, leche, yogur y semillas de chía. Por la mañana simplemente tendremos que añadir nuestra fruta favorita.
Es una opción especialmente práctica para quienes tienen poco tiempo antes de salir de casa.
No todos necesitamos exactamente 30 gramos

Aunque utilizar 30 gramos de proteína como referencia puede ayudarnos a construir un desayuno más completo, no debemos convertir esta cantidad en una regla universal.
Las necesidades de proteína dependen de numerosos factores, entre ellos nuestro peso corporal, edad, actividad física, alimentación general y objetivos.
Una persona que realiza entrenamiento de fuerza regularmente puede tener necesidades diferentes a las de alguien con una actividad física mucho menor.
También debemos recordar que lo realmente importante es observar nuestra ingesta total a lo largo del día, y no concentrarnos exclusivamente en una única comida.
Los alimentos también aportan mucho más que proteína

Otro error sería construir nuestra alimentación pensando únicamente en alcanzar determinados números.
Un buen desayuno puede combinar proteínas con fibra, carbohidratos, grasas saludables, vitaminas y minerales.
Por ejemplo, un bol de yogur puede complementarse con fruta y avena; una tortilla puede acompañarse con verduras y pan integral; y nuestra avena proteica puede incluir fruta, semillas y frutos secos.
De esta forma conseguimos algo mucho más importante que simplemente alcanzar una cifra: una comida variada, nutritiva y capaz de mantenernos satisfechos durante más tiempo.
Pequeños cambios pueden marcar la diferencia
Aumentar la proteína del desayuno no requiere transformar completamente nuestra alimentación.
Muchas veces basta con observar aquello que ya comemos y preguntarnos qué podemos añadir.
¿Desayunas tostadas? Puedes incorporar huevo, queso fresco o alguna otra fuente proteica. ¿Prefieres fruta? Combínala con yogur. ¿Te encanta la avena? Prepárala con leche y añade yogur o semillas.
La idea no es complicar nuestras mañanas, sino encontrar combinaciones sencillas que podamos mantener.
Porque, al final, el mejor desayuno no es necesariamente el que contiene exactamente 30 gramos de proteína, sino aquel que se adapta a nuestras necesidades, nos nutre y nos ayuda a llegar satisfechos a la siguiente comida.


