Cada vez prestamos más atención a aquello que colocamos sobre nuestra piel. Ya no solamente buscamos una crema que hidrate, un champú que deje nuestro cabello bonito o un maquillaje que nos guste.
También queremos saber qué ingredientes contienen, de dónde proceden, cómo se fabrican y qué impacto pueden tener nuestras decisiones de compra.
Dentro de esta tendencia encontramos la cosmética vegana, una categoría que ha ganado espacio en productos para el rostro, cabello, cuerpo, higiene y maquillaje.
Pero aquí aparece una pregunta bastante sencilla: ¿qué significa realmente que un cosmético sea vegano?
Un cosmético vegano no contiene ingredientes de origen animal

La característica principal es relativamente sencilla.
Un producto vegano está formulado sin ingredientes procedentes de animales.
Esto implica evitar determinados componentes que tradicionalmente pueden encontrarse en productos cosméticos, como miel, cera de abeja, lanolina, carmín y algunos tipos de colágeno o queratina de origen animal.
En su lugar pueden utilizarse alternativas procedentes de plantas, minerales o ingredientes obtenidos mediante otros procesos.
Aceites vegetales, mantecas, extractos botánicos y diferentes ingredientes sintéticos pueden formar parte perfectamente de una formulación vegana.
Y aquí encontramos nuestra primera diferencia importante.
Vegano no significa necesariamente natural

Es bastante fácil asociar automáticamente la palabra “vegano” con un envase verde repleto de hojas y una formulación completamente natural.
Pero son conceptos diferentes.
Un cosmético puede ser vegano y contener ingredientes sintéticos. Lo importante para esta clasificación es el origen animal o no animal de sus componentes, no que absolutamente todo proceda directamente de una planta.
De la misma manera, un cosmético presentado como natural podría contener algún ingrediente de origen animal.
Por eso palabras como natural, orgánico, ecológico, vegano y cruelty-free no deberían utilizarse como si significaran exactamente lo mismo.
“Vegano” y “cruelty-free” tampoco son sinónimos

Esta probablemente sea una de las confusiones más frecuentes.
Un cosmético vegano hace referencia fundamentalmente a sus ingredientes.
El concepto cruelty-free, en cambio, está relacionado con la experimentación con animales. Incluso en este último caso conviene revisar los criterios utilizados por cada certificación o empresa, ya que no existe una única definición legal aceptada mundialmente para el término.
Por tanto, encontrar la expresión cruelty-free en un envase no demuestra por sí sola que la fórmula sea vegana.
Un producto podría no haberse probado en animales y contener, por ejemplo, cera de abeja.
Si queremos cumplir ambos criterios, debemos comprobar tanto la composición como la política o certificación relacionada con las pruebas en animales.
Las etiquetas pueden ayudarnos, aunque no siempre son fáciles de interpretar

Aquí comienza el pequeño trabajo detectivesco.
Los cosméticos incluyen un listado INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients) en el que aparecen los ingredientes de la formulación.
El problema es que esos nombres pueden resultar bastante poco familiares.
Además, algunos ingredientes pueden proceder de diferentes fuentes dependiendo de cómo hayan sido fabricados. Esto significa que identificar si una fórmula es vegana exclusivamente leyendo el INCI no siempre resulta sencillo para un consumidor.
Por eso las certificaciones reconocidas y la información proporcionada por fabricantes transparentes pueden facilitarnos considerablemente la elección.
También debemos prestar atención al carmín

El maquillaje merece una mención especial.
El carmín es un pigmento utilizado tradicionalmente para conseguir determinados tonos rojos y rosados y tiene origen animal.
Podemos encontrar alternativas sintéticas o minerales capaces de conseguir colores similares sin utilizar este ingrediente.
Este ejemplo demuestra por qué un labial rojo aparentemente sencillo puede contener ingredientes cuyo origen probablemente nunca habríamos imaginado.
Lo mismo puede suceder con productos para el cuidado del cabello, cremas corporales, bálsamos y otros cosméticos.
La cosmética vegana tampoco es automáticamente mejor para nuestra piel

Aquí conviene separar nuestras decisiones éticas de las dermatológicas.
Que un producto sea vegano no significa automáticamente que sea más eficaz, más suave, hipoalergénico o apropiado para todas las pieles.
Un ingrediente vegetal también puede producir irritación o una reacción alérgica.
Los aceites esenciales, por ejemplo, son de origen vegetal, pero determinadas personas pueden experimentar sensibilidad frente a algunos de ellos.
De la misma manera, un ingrediente sintético no es automáticamente perjudicial simplemente porque haya sido creado mediante procesos industriales.
Cuando evaluamos un cosmético debemos considerar la formulación completa, la concentración de sus ingredientes, nuestro tipo de piel y aquello que queremos conseguir con el producto.
“Sin químicos” tampoco debería ser nuestro objetivo

Esta expresión aparece constantemente en publicidad relacionada con productos naturales.
Pero resulta engañosa.
Todo aquello que nos rodea está formado por sustancias químicas, incluyendo el agua, las plantas y nuestro propio organismo.
Por eso resulta mucho más útil preguntarnos si los ingredientes utilizados son seguros en las concentraciones empleadas y adecuados para nuestra piel que intentar encontrar cosméticos supuestamente “libres de químicos”.
Natural tampoco significa automáticamente seguro, del mismo modo que sintético no significa automáticamente peligroso.
¿La cosmética vegana es más sostenible?

Puede serlo, pero nuevamente debemos evitar las generalizaciones.
Eliminar determinados ingredientes de origen animal puede formar parte de una estrategia de consumo alineada con preocupaciones éticas y ambientales.
Sin embargo, el impacto ambiental de un cosmético depende de muchos otros elementos: procedencia de las materias primas, métodos de producción, transporte, cantidad de envase, reciclabilidad, utilización de agua y energía y vida útil del producto.
Por eso vegano y sostenible tampoco significan exactamente lo mismo.
Podemos encontrar un cosmético vegano dentro de varias capas de plástico y otro diseñado con envases reutilizables o materiales reciclables.
La sostenibilidad debe analizarse de manera más amplia.
Los cosméticos sólidos pueden ayudar a reducir determinados envases

Champús sólidos, acondicionadores, limpiadores faciales y jabones son cada vez más habituales.
Algunos permiten utilizar envases de cartón o incluso comercializarse prácticamente sin embalaje.
El artículo de Bueno y Vegano destaca precisamente el crecimiento del enfoque zero waste y alternativas al plástico como vidrio, latas, cartón y otros materiales.
Pero tampoco necesitamos tirar inmediatamente todos nuestros productos para sustituirlos por versiones nuevas y supuestamente más sostenibles.
Utilizar aquello que ya tenemos antes de reemplazarlo también puede evitar desperdicios innecesarios.
Comprar menos también puede formar parte de una rutina sostenible

Existe una contradicción curiosa dentro del mundo de la belleza sostenible.
Podemos comprar diez sérums veganos, cinco champús ecológicos y varias cremas en envases reciclables… aunque realmente no necesitemos ninguno.
Un consumo más responsable también puede significar simplemente comprar menos productos y terminar aquellos que ya tenemos.
Una rutina sencilla que cubra nuestras necesidades puede generar menos residuos que una colección enorme de cosméticos supuestamente sostenibles.
No necesitamos convertir nuestro baño en una tienda para cuidar correctamente nuestra piel.
Las certificaciones pueden facilitarnos la elección

Cuando no queremos investigar uno por uno todos los ingredientes y políticas de una compañía, determinados sellos pueden proporcionar información adicional.
Aun así, conviene saber exactamente qué certifica cada uno.
Algunas certificaciones están centradas en la ausencia de experimentación animal, mientras que otras verifican criterios veganos o ambientales.
PETA, por ejemplo, mantiene una base de datos internacional de compañías y productos clasificados según sus políticas relacionadas con experimentación animal y permite filtrar también compañías veganas.
Por eso resulta más útil comprender qué significa cada sello que simplemente buscar muchos logotipos en el envase.
No necesitamos cambiar toda nuestra rutina de un día para otro

Si queremos incorporar cosmética vegana a nuestra vida, podemos hacerlo progresivamente.
Cuando terminemos nuestra crema hidratante, podemos investigar una alternativa vegana.
Cuando necesitemos reemplazar nuestro champú, podemos comparar opciones.
Y cuando compremos maquillaje nuevo, podemos revisar ingredientes y certificaciones antes de elegir.
Este enfoque también evita desperdiciar productos que ya tenemos únicamente para sustituirlos inmediatamente.
Podemos cuidar nuestra piel y también preguntarnos de dónde vienen nuestros productos

La cosmética vegana demuestra cómo nuestras decisiones de cuidado personal pueden incorporar criterios que van más allá de nuestra apariencia.
Podemos buscar productos eficaces para nuestra piel y nuestro cabello y, al mismo tiempo, prestar atención al origen de sus ingredientes, la experimentación animal, los envases y el impacto ambiental.
Pero tampoco necesitamos asumir que cualquier producto con una hoja verde en su etiqueta es automáticamente vegano, natural, sostenible, ecológico y mejor para nuestra piel.
Leer, comparar y comprender las etiquetas continúa siendo nuestra mejor herramienta.
Al final, una rutina de belleza más consciente probablemente no consista en acumular más cosméticos.
Puede consistir justamente en lo contrario: elegir mejor aquello que realmente necesitamos, utilizarlo hasta terminarlo y conocer un poco mejor la historia que existe detrás de cada producto que colocamos sobre nuestra piel.


