Al exfoliarte la piel, puedes darle una apariencia más tersa y suave, además de mejorar la eficacia de los tratamientos cutáneos.
No obstante, si deseas lograr los mejores resultados y evitar la irritación, debes utilizar el tipo correcto de exfoliación acorde para tu tipo de piel. Lo mejor es que consultes con un dermatólogo acerca de los métodos de exfoliación. En general, existe una variedad de productos y procedimientos médicos que puedes utilizar, así como algunos remedios naturales.
- Jala tu cabello hacia atrás. Si tienes cabello largo, jálatelo hacia atrás para alejarlo de tu cara y luego asegúralo con un lazo. Si tienes flequillo, probablemente necesites una cinta para la cabeza con la que puedas sujetarlo lejos de tu cara.
- Humedece con agua caliente un paño o un trapo limpio. El agua debe estar caliente, pero no tanto como para quemarte la piel. Ponte el paño en la cara durante uno a dos minutos para abrir tus poros. También puedes tomar una ducha caliente y luego permanecer en el vapor durante varios minutos.
- Utiliza tu limpiador facial estándar. Lávate la cara con suavidad utilizando tu limpiador facial de costumbre. No es necesario que te frotes con fuerza, pues la exfoliación solo requiere que tengas la cara limpia.
- Haz la prueba en una pequeña área primero. Antes de usar un nuevo producto, debes hacer una prueba en una pequeña área para asegurarte de que no tener una reacción alérgica. Elige un cuadrado de una pulgada a lo largo del lado de tu cara o barbilla. Humedece el área y aplica el exfoliante. Espera unos cinco o diez minutos. Si el área comienza a arder, lávatela rápidamente. No continúes usando ese producto. Si no hay reacción, puedes usarla en el resto de tu cara.

- Aplícate el exfoliante. Prepara el exfoliante de tu preferencia. Podrías preparar un exfoliante en casa o comprar uno comercial. De cualquier forma, aplícate la pasta sobre la piel limpia y húmeda utilizando dos dedos o un paño limpio humedecido con agua tibia. Frota la pasta con suavidad realizando movimientos circulares sobre toda tu cara con la finalidad de acabar con la piel muerta.
- Enjuágate la cara con agua tibia. Enjuaga toda la pasta exfoliante con agua tibia en lugar de caliente. Luego salpícate la cara con agua fría para así cerrar tus poros. Asegúrate de limpiar todo resto del exfoliante, o tu cara estará pegajosa o grumosa.
- Sécate la cara con toques suaves. Utiliza una toalla limpia y suave para secarte la cara con toques ligeros en lugar de frotarte la cara con fuerza.
- Aplica un humectante con protector solar. Después de exfoliarte, utiliza un humectante no comedogénico con protector solar para mantener la suavidad de tu piel, evitar los brotes y protegerla de los rayos UV nocivos.
- Planifica tus tratamientos. Si tienes piel aceitosa o dura, puedes exfoliarte a diario sin problema alguno. Por otro lado, las personas con piel sensible o seca deberán hacerlo como máximo una o dos veces por semana.


