
Durante años hubo elementos decorativos que parecían condenados a quedarse en las casas de nuestros padres o abuelos. Las vitrinas enormes, determinados tipos de azulejos, los muebles de madera oscura y aquel cristal con relieve que aparecía en puertas, baños y muebles de cocina parecían pertenecer definitivamente a otra época.
Sin embargo, el interiorismo tiene una curiosa capacidad para recuperar materiales que creíamos pasados de moda y presentarlos de una manera completamente diferente.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo con el cristal texturizado.
Los vidrios estriados, acanalados, translúcidos o con diferentes relieves están regresando a los interiores, pero ya no necesariamente acompañados de aquellos marcos y muebles que recordamos de las viviendas antiguas.
Ahora aparecen integrados en puertas minimalistas, estructuras metálicas, cocinas contemporáneas y separadores de ambientes.
Y el resultado puede ser sorprendentemente actual.
El cristal de antes regresa con una imagen completamente diferente

Probablemente muchos recordemos alguna puerta con un cristal que no permitía ver claramente qué había al otro lado.
Durante décadas este tipo de vidrio fue una solución bastante habitual en viviendas. Después fue perdiendo protagonismo frente a superficies completamente transparentes y diseños mucho más minimalistas.
Ahora las texturas vuelven a llamar nuestra atención.
La diferencia está principalmente en cómo las incorporamos.
En lugar de utilizar cristales excesivamente ornamentados, podemos encontrar superficies con líneas verticales, relieves discretos, geometrías sencillas o acabados ligeramente ondulados.
De esta forma conservamos ese pequeño guiño retro sin que nuestra casa parezca detenida varias décadas atrás.
Nos permite separar espacios sin renunciar completamente a la luz

Esta es probablemente una de sus características más interesantes.
Cuando construimos una pared convencional conseguimos separar completamente dos habitaciones, pero también podemos impedir que la luz natural circule entre ellas.
El cristal ofrece una alternativa.
Podemos utilizar un cerramiento acristalado para delimitar la cocina y el salón, crear una pequeña zona de trabajo o independizar determinados ambientes mientras seguimos permitiendo que parte de la luz atraviese la superficie.
Cuando además elegimos un vidrio texturizado conseguimos un efecto adicional: la imagen situada detrás aparece parcialmente difuminada.
Esto puede ofrecernos algo de privacidad sin perder completamente la sensación de amplitud.
Las puertas interiores son uno de los mejores lugares para utilizarlo
No necesitamos realizar una reforma completa para incorporar esta tendencia.
Una puerta puede ser suficiente.
Podemos sustituir parte de una puerta convencional por paneles de cristal acanalado o elegir una puerta corredera que combine madera, metal y vidrio.
Esta solución puede funcionar especialmente bien entre la cocina y el salón, en pasillos con poca iluminación natural o incluso en determinadas zonas del dormitorio.
La textura convierte una superficie que normalmente tendría una función exclusivamente práctica en un elemento decorativo.
Además, cuando recibe la luz aparecen pequeños reflejos, sombras y distorsiones que pueden hacer que el espacio resulte visualmente mucho más interesante.
En la cocina puede ayudarnos a ocultar sin esconder completamente

Las vitrinas también están viviendo su particular regreso.
Pero existe un pequeño problema cuando utilizamos puertas completamente transparentes: prácticamente todo lo que guardamos detrás queda expuesto.
Eso significa que nuestra vajilla, vasos y recipientes deberían mantenerse perfectamente organizados si queremos conservar una sensación visual de orden.
El cristal texturizado ofrece un punto intermedio.
Podemos distinguir colores y siluetas detrás de la puerta, pero los detalles aparecen difuminados.
De esta manera conseguimos cierta ligereza visual y podemos mostrar parcialmente el interior del mueble sin sentir que absolutamente todo debe estar colocado como si se tratara de un escaparate.
También puede transformar completamente el baño

Las mamparas son otro lugar donde podemos experimentar con este material.
Una superficie transparente mantiene el baño visualmente abierto, aunque ofrece poca privacidad.
El cristal texturizado permite jugar con ambos conceptos.
Podemos conservar la entrada de luz mientras reducimos parcialmente la visibilidad hacia el interior de la ducha.
Además, las superficies estriadas pueden aportar textura a baños muy neutros en los que predominan materiales lisos.
En lugar de introducir muchos colores o accesorios decorativos, podemos utilizar el propio vidrio para generar contraste.
La combinación con madera puede suavizar su apariencia

Uno de los secretos para que este material no nos recuerde demasiado a las viviendas antiguas está en aquello que colocamos alrededor.
La madera puede ser una excelente compañera.
Los tonos claros pueden ayudarnos a crear ambientes luminosos y relajados, mientras que las maderas oscuras pueden generar un resultado mucho más sofisticado.
También podemos combinarlo con estructuras metálicas finas, piedra, superficies de colores neutros o mobiliario de líneas sencillas.
El contraste entre una textura ligeramente retro y elementos contemporáneos es precisamente lo que puede hacer interesante esta tendencia.
Incluso podemos utilizarlo en pequeñas dosis

No necesitamos levantar un enorme cerramiento de cristal en medio del salón.
También podemos incorporar esta estética mediante elementos mucho más discretos.
Las puertas de una vitrina, un pequeño panel en un mueble, una mampara, una lámpara de vidrio trabajado o incluso determinados accesorios pueden introducir textura sin convertirse en protagonistas absolutos de la habitación.
Esta puede ser una buena alternativa si nos gusta la tendencia, pero todavía no estamos seguros de querer incorporarla de forma permanente.
La luz cambia completamente su apariencia

Una de las particularidades más bonitas del cristal texturizado es que no se comporta exactamente igual durante todo el día.
Las estrías y relieves modifican la forma en la que la luz atraviesa la superficie.
Con luz natural podemos conseguir reflejos y sombras sutiles, mientras que por la noche una iluminación cálida situada detrás del cristal puede crear un efecto completamente diferente.
Por eso no deberíamos pensar únicamente en el diseño del vidrio.
También conviene observar de dónde procede la luz y cómo incidirá sobre él.
Una buena iluminación puede convertir un simple panel de cristal en uno de los detalles más atractivos de una habitación.
Lo que antes parecía anticuado puede convertirse en el detalle más especial

El regreso del cristal texturizado demuestra que probablemente no existan tantos materiales definitivamente pasados de moda como pensamos.
Muchas veces lo que envejece no es necesariamente el material, sino la forma en la que lo utilizamos.
Al simplificar los diseños, combinarlo con acabados contemporáneos y aprovechar su capacidad para filtrar la luz, podemos conseguir que aquel cristal que asociábamos con las casas antiguas encaje perfectamente en un interior actual.
Y quizá ahí se encuentre precisamente su encanto.
Nos permite recuperar algo familiar y nostálgico, pero utilizarlo de una forma completamente nueva.


